A veces descarto lo que escribo por si es demasiado oscuro. En mis cuadernos podría pasar desapercibido porque ahí no existe el filtro del ojo ajeno, pero siento que aquí podría acabar ahuyentando al personal. Luego pienso en cuánto disfruto al leer la vulnerabilidad de las escritoras a las que sigo y se me pasa. Que salga lo que tenga que salir. En realidad, no tengo más remedio, viendo que los últimos diez borradores son monotemáticos. Ya está: hablemos de la muerte.
«(…) Rápidamente me abalancé a escribirte, segura de que yo en tu lugar querría recibir el máximo apoyo. No obtuve respuesta y asumí que te encontrarías demasiado débil. ¿Qué otra explicación podría haber…?»
De pequeña se tienen asociaciones muy curiosas. Durante muchos años, por ejemplo, pensaba que la expresión “Limpio como los chorros del oro” era en realidad “los chorros del loro», y no entendía por dónde le salían los chorros al dichoso pajarraco.