Cuando estoy unos días sin trabajar, empiezo a notar cómo fluyen ideas de proyectos libremente en mi cabeza. Y, de repente, una que no es descabellada: ¿Y si…?
Muchas veces descarto de inmediato las ideas que se me ocurren para una entrada en el blog. Los temas sobre los que me interesa escribir públicamente están muy limitados: unos contienen información demasiado personal y han de quedarse al abrigo de mis cuadernos y otros son tan recurrentes que pienso que cansarán al puñadito de lectores que me leen. También a veces me gustaría volver fugazmente a ese yo precorporativo, ese yo libre para hablar de cualquier tema sin pensármelo dos veces. Pero las cosas han cambiado, así que seguiré buscando el equilibrio desde este callejón, intentando moldear al buenecito de este árbol para convertirlo en un bonsái un poco punk.
En unos días que me parecen meses La Calma, aún atontada de la caída provocada por El Pánico, recuerda que habíamos acordado un protocolo de emergencia para estos casos y corre a desempolvar los manuales. Brilla, Calma, brilla. Es tu momento. Me ordena respirar, atenerme a los hechos, guardar la bola de cristal, razonar, buscar una explicación lógica y dejar a un lado mis tendencias catastrofistas, tener paciencia.