Desidealizando al traductor autónomo (2018)

Después de trabajar dos años como traductora en plantilla y tres como traductora autónoma, considero que es un buen momento para reflexionar. Ser tu propio jefe, (poder) ganar más, tener libertad de horarios y de ubicación… ¡todo parece ideal como autónomo! Sin embargo, he observado unapeligrosa tendencia en las redes sociales (a la que yo misma he contribuido, seguramente) consistente enidealizar este trabajohasta el punto de que parezca que ya has alcanzado la cima profesional, que ser autónomo es lo que todo traductor puede (¿debe?) aspirar a ser. Por eso quiero escribir esta entrada, pese a vivir en una época en la que se tacha de pesimista todo lo que no entra en la categoría de Mr. Wonderful. Como siempre, esta entrada se basa en mi experiencia personal y es “intransferible”, aunque estoy segura de que más de uno se sentirá identificado con lo que comento.

“Ser tu propio jefe”

Una de las ventajas más aclamadas de ser autónomo es “ser tu propio jefe”. Sin duda es una experiencia incomparable y merece la pena vivir esta sensación al menos una vez en la vida: te sientes útil, activo, dinámico, versátil… Pero detrás de esta frase también se encuentra un rol multitarea que a veces cae en el olvido al pronunciar la idílica frase. Además de decidir con qué clientes trabajas y qué condiciones impones, como jefe también eres el único responsable de cobrar o no “a final de mes”, te encargas de gestionar tu fiscalidad (y, si contratas a alguien, apoquina), debes calcular la proporción trabajo-esfuerzo-dinero para (man)tener el nivel de vida que quieres, sufres/disfrutas de las consecuencias de las vacas flacas y las gordas, tienes que buscar clientes, si enfermas no tienes baja, si te vas de vacaciones sabes que cada día, es un día de no ingresos… Aunque no es ninguna novedad, tener en cuenta tantos factores y desempeñar tantos “puestos” al mismo tiempo no está hecho para todo el mundo o, al menos, no para todas las etapas.

Flexibilidad

La flexibilidad es sin duda la mayor ventaja que tiene un traductor autónomo: levantarte a la hora que quieras, trabajar desde donde quieras, organizarte como prefieras… Sin embargo, muchos echamos en falta una estructura en el día a día. A veces digo… ¿De qué sirve ser “tan libre” si la vida está configurada para el horario de oficina y yo misma echo en falta “salir de trabajar” a la vez que los demás? Más allá de ir al súper cuando todo el mundo está en la oficina y esperar la cola solo con jubilados, ¿de qué más formas lo aprovecho? Ojo, no pregunto de qué formas se puede aprovechar, sino de qué formas lo aprovecho yo. Esa es una de las claves del autónomo: no todo funciona igual de bien/mal para todos. Cada caso es un mundo.

Cuando la gente sale de trabajar, está deseando llegar a casa y, cuando tú terminas, estás deseando salir. Esta desincronización y la anarquía de horarios que alcanzas a poco que te descuides no era beneficiosa para mi día a día, y por eso preferí trabajar en un coworking para “simular” una oficina e imponerme unos horarios. Incluso en mi etapa como nómada digital, he cumplido estos horarios para tener una constante en mi vida, algo fijo que me permitiera no “perder el norte”. Al final, lo que mejor me funciona a nivel productivo y mental es mantener un horario normal de 9 a 5, pero… ¡tengo que pagar por ello! Y el precio a veces se asemeja a la cuota que pago por ser autónoma…

Finanzas

El autónomo, si quiere ganar más un mes, puede intentar trabajar más para conseguir su objetivo, cosa que en una empresa no vas a poder hacer. Sin embargo, las vacas flacas y las gordas llegan a su antojo. Quizá tienes una semana libre y dices “Mira, perfecto, así aprovecho y pego un buen tirón”… y no te llega ningún encargo. O quizá te vas de vacaciones y te llega un encargazo (como comenté en Twitter hace poco, en tu mano está decir que no y hacer valer tu tiempo/descanso, pero, claro, depende de tus circunstancias).

Al principio, tenía la sensación de estar ganando una millonada en comparación con las tres cifras que manejaba en plantilla. Mi colchón económico actual se ha ido formando con mis ingresos como autónoma y no al contrario. Cada mes engroso mis ahorros, casi sin excepción. Sin embargo, aunque los ingresos de un autónomo puedan ser mayores, también suelen serlo sus gastos. Ya lo comenté en mi entrada ¿Cuánto cuesta al mes ser traductor?, pero lo resumo aquí:

  • Alquiler: entre 500 y 800 euros, pongamos.
  • Cuota de autónomos: 275 euros al mes
  • Espacio de coworking: 180 + IVA = 215 euros al mes
  • Abono transporte: 54,60
  • Gestor: 54
  • Seguro médico privado: 50
  • Comida: 100-150

Es decir, que si ganas 1800 brutos, andarás justito en una ciudad como Madrid (¡estos son solo los gastos fijos!). En una empresa de condiciones aceptables, podrías ahorrarte la cuota, el espacio de trabajo, el gestor, el seguro médico y hasta el transporte, por lo que, aunque ganes menos, igual al mes te quedas más o menos igual. No voy a seguir haciendo números porque muchos estaréis pensando (¡No, pero yo…! ¡Sí, pero es que…!) y no es mi intención meterme en debates financieros. Seguro que, si compartes piso, trabajas en casa y no tienes seguro privado podrías ahorrarte un pastizal, pero para mí estas son las condiciones básicas de trabajo que han demostrado ser imprescindibles para una buena calidad de vida.

Realización personal y profesional

No sé si la sensación de estancamiento en una empresa o de no poder hacer las cosas como tú querrías es equiparable a la sensación de que, a medida que aumenta tu valía y versatilidad como traductor autónomo, peor es el panorama que te encuentras (no sieeempre, pero sí a menudo): mientras tú persigues mejorar y perfeccionarte, muchos clientes (que aplauden tu valía, ojo) se les va de presupuesto tu “extra” de experiencia y a veces incluso optan por automatizar y relegar al lingüista a un segundo plano. Yo he dejado de recibir encargos de uno de mis clientes habituales después de subir un céntimo mi tarifa después de tres años de trabajo impecable. Es bastante desmotivador, la verdad.

Después de tres años como autónoma, tengo la sensación de que, si siguiera trabajando como autónoma otros diez, “lo único” que conseguiría es aumentar la lista de clientes para los que he trabajado, perono habría aumentado mi “valor” en el mercado porque seguiría sin tener ciertas competencias que, en mi opinión, son clave y es más habitual adquirir en una empresa, como gestión y coordinación de equipos o proyectos. Si te limitas a traducir, sin duda serás un profesional como la copa de un pino, pero quizá te quedes “obsoleto” en términos de destrezas frente a alguien que haya trabajado en varias empresas en distintos puestos últimamente. Depende de lo que cada uno quiera conseguir, está claro. Y también ocurre lo mismo, pero al contrario: no me cabe duda de que lo que aprende un autónomo no lo llegaría a conseguir un asalariado por más que ascendiera. Por eso, seguramente no haya una respuesta ideal para cada persona, sino adaptar las circunstancias al momento vital de cada uno.

En cuanto a la realización personal, a mí lo que me mantiene viva es aprender y como autónoma se aprende muchísimo. Nunca imaginé trabajar con la soltura que lo hago actualmente, pero también echo de menos aprender de los demás, en un tú a tú, y formar parte de un todo, de un equipo.

La barrera psicológica de desidealizar al traductor autónomo

Por algún motivo, parece difícil admitir que trabajar como traductor autónomo puede no ser El sueño de todos y que trabajar en una empresa puede ser una opción igualmente válida y oportuna en tu carrera. En las redes parece que, una vez eres autónomo, “ya está”. Ya has alcanzado la cima de tu vida profesional; ya solo queda adquirir experiencia y más experiencia. También existe la tendencia contraria, en la que, en vez de verlo todo de color de rosa (“¡Cómo me gusta mi trabajo! ¡Cuánto aprendo! ¡Qué interesante todo lo que hago!” [yo misma reconozco haber pronunciado estas frases alguna vez), se ve todo negro (“¡Otro día de no dormir para entregar a tiempo! ¡Otro cliente que no me paga! ¡Otra vez vacaciones anuladas por un encargo de última hora!”). No hay nada que me dé más miedo que el conformismo y el estancamiento.

Para mi sorpresa (y, por qué no decirlo, para mi alegría), muchas personas sienten lo mismo que yo, echan de menos lo mismo que yo y temen lo mismo que yo en caso de volver a empresa. Llevo casi siete años en la blogosfera y no recuerdo ninguna entrada en la que se hable de la posibilidad de dejar de ser autónomo por gusto (y no por falta de ingresos). Me parece importante dar visibilidad a esta posibilidad y recalcar que no es un retroceso, sino que perfectamente puede encajar con la evolución de tu carrera.

Conclusión

Ser autónomo puede encajar bien en un momento de tu vida, puede ser una experiencia interesante, puede ser lo que andabas buscando… y también puede que no.Puede que hoy ya no te apetezca y puede que dentro de dos años te vuelva a apetecer. Porque no todo tiene que ser blanco o negro ni tenemos que decantarnos por uno de los dos colores de forma definitiva. Una opción que a uno le parece una locura a otro puede producirle una ilusión que hacía tiempo que no sentía…

Ni todo es tan bonito como parece ni todo tan horrible como lo pintan, pero desde luego abogo por la idea de que ser traductor autónomo no es “el tope” ni “el objetivo final” de nuestra carrera. Es un paso más, puede ser el definitivo… o no. No es para todos. Y no pasa nada por planteárselo.