Entrevista a Esther Cruz (traductora de «Asterios Polyp») (2016)
Hace unos meses publiqué en el blog una entrevista a la ilustradora Ana Oncina en la que os comentaba que “en unas semanas” (quien dice semanas dice meses) publicaría una entrevista con Esther Cruz, traductora de cómics que ha traducido obras como Asterios Polyp, una novela gráfica que David Mazzucchelli tardó diez años en terminar y que ha conseguido numerosos premios.
Esther nos contará sus opiniones, experiencias, curiosidades y los retos a los que se ha tenido que enfrentar en los últimos tiempos. ¡Espero que os resulte tan interesante como a mí leerla cuando me la ha enviado! Personalmente, me ha impactado mucho lo que cuenta de la novela “Aquí”. ¡Disfrutadlo!
P: ¿Eres lectora asidua de cómics?
R: Ahora mismo, sí puedo decir que soy lectora asidua, aunque he tenido mis altibajos. Digamos que mi afición comenzó de pequeña con los clásicos, entre personajes como Astérix, Mafalda, Mortadelo y Filemón, los de 13 Rue del Percebe, Tintín, Garfield, Calvin y Hobbes… Al pasar la adolescencia, abandoné la afición unos años, hasta que me reencontré con el cómic en la figura de Arcás, un dibujante griego con un humor magnífico. A partir de ahí, fui topándome con obras un tanto diferentes ya, de autores como Lewis Trondheim o Daniel Clowes, y la experiencia de Las Cuatro de Syldavia me ha servido en los últimos años para expandir aún más mis miras comiqueras.
P: ¿Consideras necesaria esta experiencia propia para traducir mejor?
R: Para traducir en general, es importante leer y haber leído, ya que debes dominar tu lengua materna. Leer tanto literatura producida directamente en español como traducida. Si luego quieres especializarte en algún género o medio concretos, como el cómic, por supuesto es relevante conocer bien el terreno que vas a pisar, saber qué se ha hecho y qué se está haciendo, porque traducir en terra incognitaes muy complicado y arriesgado (puedes, por ejemplo, pasar por alto referencias o intrahistorias). Lo ideal es que, para traducir cómics, termines teniendo entre tus lecturas a Ibáñez, Paco Roca, Mauro Entrialgo o Mirena Ossorno, y también a Robert Crumb, Chris Ware, Alison Bechdel, Alan Moore, Julie Doucet o Zanardi. Con estos ejemplos, me refiero en concreto a la traducción de los cómics que se podrían enmarcar en lo que se viene llamando «novela gráfica». Si tu interés son más los cómics de superhéroes o el manga tendrás que buscar el contexto de lecturas apropiado. En cualquier caso, nunca viene mal saber qué se está haciendo en los «aledaños» de tu especialidad.
P: En el ámbito audiovisual, la restricción de caracteres y la imagen en pantalla limita mucho la traducción y el traductor tiene que hacer auténticas virguerías. ¿Cuáles dirías que son los principales retos que plantea la traducción de cómics?
R: Al traducir un cómic, la cuestión de la limitación del espacio es fundamental. Tu trabajo se ve condicionado por ese rasgo del texto, lo mismo que quien traduce poesía tiene que ajustarse a una métrica. De cualquier modo, aunque esto suponga más de un quebradero de cabeza, a la larga te das cuenta de que te ayuda a ser más precisa en tu trabajo, no solo de traducción de cómics, sino de cualquier traducción que abordes. Por otro lado, sí es cierto que esa limitación de espacio puede agravar, por así decirlo, los problemas de traducción que son comunes a cualquier texto; no es lo mismo encontrarte un juego de palabras, una metáfora, un chiste o una cita textual en una novela en la que tengas libertad para todo (incluso para poner notas al pie) que tener que solucionar esas cuestiones en un cómic, donde el margen de maniobra para jugar con tu lengua se reduce.
La presencia de imágenes es otro de los grandes condicionantes en la traducción de cómics, por supuesto, aunque no hay que verla necesariamente como un elemento restrictivo, sino como un complemento. La relación entre texto e imagen es de simbiosis: uno no puede ir sin el otro, y el uno ayuda al otro. Es cierto que la presencia de una imagen quizá condicione tu traducción, pero también lo es que, a veces, termina siendo una ventaja, porque esa imagen te da pistas sobre lo que el texto quiere decir o te ayuda a expresar lo que deseas de una forma determinada.
Otro de los rasgos principales de la traducción de cómics es la oralidad. Los cómics suelen basarse en diálogos (o monólogos), e incluso los fragmentos más narrativos son normalmente muy orales. Por lo tanto, hay que dominar el lenguaje oral para que la traducción suene igual de fresca y natural. Al hilo de esta oralidad, es muy frecuente el uso de jergas, dialectos o idiolectos. Una de las mayores dificultades en este sentido, aparte de la labor de documentación en sí, es no caer en regionalismos, para que los lectores en español no se terminen encontrando, por ejemplo, a una camarera de Wisconsin soltando una frase de La Veneno.
El otro elemento por excelencia de los cómics, las onomatopeyas, a veces conlleva más dificultades de las esperadas, porque no siempre es tan fácil reproducir ciertos sonidos que en otros idiomas se expresan de maneras muy distintas. Aunque todavía haya mucha gente que considere que no es necesario traducirlas, un perro en español no dice woof, y como eso (casi) todo.
P: Muchos traductores tienen clavado en la memoria alguna traducción especialmente difícil. ¿Cuál ha sido la obra que más te ha costado traducir (y por qué)?
R: La verdad es que no podría decidirme por una solamente. Cómics como Todo el mundo tiene envidia de mi mochila voladora de Tom Gauld, por el humor y las referencias, o La teoría del arte versus la señora Goldgruber de Nicolas Mahler, por los elementos culturales y el acento de algunos personajes, fueron muy complicados. Y Asterios Polyp da para un aparte (de hecho, lo hay un poco más adelante). Pero quizá, por el conjunto, Aquí de Richard McGuire haya sido el más complejo, cuando a priori parecía muy sencillo: un cómic con poquísimo texto, compuesto por viñetas con historias supuestamente independientes, sin apenas diálogos… Y sin embargo al final resultó que cada una de las palabras de ese texto está escogida al milímetro, y no exagero: hay una página en concreto llena de insultos repartidos en viñetas, cada una con un año, año que se corresponde con la fecha en la que el insulto en cuestión apareció recogido por primera vez en un diccionario inglés. Por no hablar de la estrechísima (insisto, estrechísima) relación entre ese poco texto y las imágenes que lo acompañan, y no solo las imágenes de la página propia, sino de las demás. Es un libro fundamental, imprescindible para entender una nueva concepción del cómic, y no solo.
P: Ya hablando de la parte más técnica… ¿cómo recibes los archivos de traducción cuando te encargan un cómic? ¿Qué programas utilizas? ¿Siempre te envían las imágenes del guion?
R: En mi caso, lo que me han enviado siempre es el libro en papel o en PDF (el PDF de la maqueta final original, con el texto y las imágenes).La traducción la hago en un documento de Word en el que voy indicando a qué viñeta o texto corresponde cada cosa. En principio, no es necesario utilizar ningún programa, porque el texto aún tiene que pasar por una fase de corrección y luego entrar en maquetación, donde son los rotulistas y maquetadores quienes se ocupan de integrar la traducción en la maqueta final, un trabajo muy delicado y que requiere un grado muy alto de profesionalidad (como todos los de la cadena de producción del libro). Esta parte no corresponde a los traductores, salvo que alguien ofrezca el servicio completo de traducción y rotulación-maquetación, porque sea profesional de los dos ámbitos y cobre otras tarifas; de ser así, habrá que consensuar con la editorial el uso de un programa u otro (aunque InDesign está muy extendido). En cualquier caso, una vez terminado el proceso, los traductores debemos repasar la maqueta para comprobar que en ese proceso no haya habido ningún despiste. Para esto, lo que se envía es un PDF también, así que no hacen falta programas más específicos.
P: Eres la traductora del galardonado Asterios Polyp, ¿qué destacarías del proceso de traducción de esta obra? ¿Hubo algún reto concreto al que tuvieras que enfrentarte?
Lo más destacable de esta traducción, por lo insólito, fue que David Mazzucchelli tenía preparado desde el principio un documento en el que indicaba las principales dificultades de traducción (y de rotulación). Siempre se mostró muy implicado en todo el proceso.
El libro es una virguería en su conjunto: las imágenes, el texto en sí, el formato del texto, el formato del libro… Es una obra de arte, cuidada hasta el más mínimo detalle, así que retos hubo para todos los gustos, desde un personaje que habla mezclando refranes hasta canciones infantiles y algunos chistes, pasando por reflexiones bastante sesudas sobre filosofía y arquitectura, entre otras materias. Por tanto, la labor de documentación fue considerable, porque no bastaba con buscar los términos en concreto, sino que necesitaba saber que mi frase traducida tenía sentido de verdad al enmarcarla en su temática.
Con respecto a los refranes y a la jerga, me encontré con ciertas complicaciones importantes para evitar lo que antes comentaba del regionalismo, y tuve que recurrir mucho a una de las grandes fuentes de documentación en estos casos: familia y amigos. Lo mismo ocurrió con ciertos toques de humor o chistes; me dedicaba a leerles esos fragmentos a otras personas para saber si funcionaban o no. Por último, algunas onomatopeyas me resultaron bastante complicadas de cuadrar, aunque al final fue un trabajo en vano, porque en la fase de rotulación no pudieron tocarse (por el formato del libro original). En resumen, es una de esas traducciones que me acompañará siempre.
¡Muchas gracias, Esther, por sacar un buen ratazo para responder a todas las preguntas!
