Ocurrió de forma inesperada, como casi todas las muertes. El entorno de la fallecida recibió la noticia con la congoja propia de lo imprevisto, una tristeza que pronto se convirtió en una sorpresa mayúscula para sus miembros: ¿Acaso nunca habían…
Por aquel entonces, la Huerta de los Jesuitas era, sin lugar a dudas, el espacio de árboles, arena y juegos de metal más grande del universo. Ahora puedo cruzarlo caminando de punta a punta en quince minutos, así que una…
“We have plenty of time”, me susurrabas constantemente con esa boca de fresa tuya. Toda la vida por delante. Me lo decías como para que me calmara, porque yo era y soy impulsiva e inquieta. Tú eras más calmada y reflexiva, pero ahora simplemente ya no… eres. Dice tu madre en tu esquela que eras tan terca como una mula o, como suaviza el idioma anglosajón, “as stubborn as a mountain».
Todos hablan de propósitos de año nuevo, pero yo te propongo propósitos de fin de año. Concretamente, propósitos del fin del daño. Dejemos a un lado las inscripciones a gimnasios y hablemos de cómo conseguir que dentro de 364 días…
Cuando estoy unos días sin trabajar, empiezo a notar cómo fluyen ideas de proyectos libremente en mi cabeza. Y, de repente, una que no es descabellada: ¿Y si…?
Muchas veces descarto de inmediato las ideas que se me ocurren para una entrada en el blog. Los temas sobre los que me interesa escribir públicamente están muy limitados: unos contienen información demasiado personal y han de quedarse al abrigo de mis cuadernos y otros son tan recurrentes que pienso que cansarán al puñadito de lectores que me leen. También a veces me gustaría volver fugazmente a ese yo precorporativo, ese yo libre para hablar de cualquier tema sin pensármelo dos veces. Pero las cosas han cambiado, así que seguiré buscando el equilibrio desde este callejón, intentando moldear al buenecito de este árbol para convertirlo en un bonsái un poco punk.
En unos días que me parecen meses La Calma, aún atontada de la caída provocada por El Pánico, recuerda que habíamos acordado un protocolo de emergencia para estos casos y corre a desempolvar los manuales. Brilla, Calma, brilla. Es tu momento. Me ordena respirar, atenerme a los hechos, guardar la bola de cristal, razonar, buscar una explicación lógica y dejar a un lado mis tendencias catastrofistas, tener paciencia.
A veces descarto lo que escribo por si es demasiado oscuro. En mis cuadernos podría pasar desapercibido porque ahí no existe el filtro del ojo ajeno, pero siento que aquí podría acabar ahuyentando al personal. Luego pienso en cuánto disfruto al leer la vulnerabilidad de las escritoras a las que sigo y se me pasa. Que salga lo que tenga que salir. En realidad, no tengo más remedio, viendo que los últimos diez borradores son monotemáticos. Ya está: hablemos de la muerte.