¿Podré ganarme la vida como autónoma? (2017)

Hoy os traigo una entrada mucho más personal que de costumbre porque me apetece compartir con vosotros los momentos de inseguridad que viví antes de decidir dar el salto como autónoma. Es un texto que escribí hace casi tres años, concretamente el 1 de marzo de 2015. Suelo escribir para mí con la intención de leerlo más adelante y comprobar cómo han evolucionando las cosas y este texto, desde luego, es buena muestra de ello.

Lo escribí en un momento de incertidumbre total, a pocos meses de dejar de trabajar en plantilla y en un intento de plantearme si conseguiría vivir trabajando como autónoma. Como vais a leer a continuación, me visualizaba fracasando y, con la enorme inseguridad que tenía en aquella época por diversas causas, no quería ni pensar cómo me afectaría no conseguir mi objetivo. Por eso escribí las siguientes líneas:

1 de marzo de 2015

Hoy he leído uno de esos libros donde se plantean preguntas tan existenciales como “qué harías si tuvieras todo el dinero del mundo” y “a dónde quieres llegar en la vida”. Es curioso que los libros de autoayuda a veces provoquen el efecto contrario y te hagan sentir peor. Yo no sé ni por dónde empezar a responder a estas cuestiones. Si me fuerzo a dejar volar mi imaginación, diría que mi objetivo es hacerme autónoma y ver cómo me va y cómo me enfrento a los buenos y a los malos momentos: a los picos de trabajo y a las vacas flacas.

Dicen que si piensas algo muy fuerte se cumple, pero ojalá no sea así, porque no puedo evitar visualizarme tirándome de los pelos, arrepintiéndome de haber abandonado la estabilidad de una nómina, aceptando malas tarifas por necesidad, trabajando demasiado o demasiado poco, con clientes de temáticas que no me gustan y sin capacidad de encontrar algo diferente al resto. Me imagino buscando donde otros han buscado, contactando con quienes otros han contactado, cayendo en las trampas que otros han caído y preocupándome por lo que otros se han preocupado.

Pensándolo mejor, quizá debería aspirar a deshacerme de estos sentimientos y visualizar que todo me irá bien y llegaré a tener clientes interesantes y horarios que me permitan viajar. Por más que lo intento, ese momento se nubla con las voces de quienes me tacharían de idealista, mirándome de forma condescendiente mientras pronuncian frases del tipo “Si fuera tan fácil, lo haríamos todos, no te jode”.

Temo echar la vista atrás y arrepentirme de haber dejado un trabajo. Temo estar idealizando la idea de ser autónoma y que no vaya conmigo. Temo que, incluso saliéndome bien la jugada, me canse. Sin embargo, necesito ponerme a prueba, si bien espero no leer estas líneas dentro de unos meses y decir: ¿en qué estaba yo pensando? ¿Quién me creía que era?

Pese a todo, algo dentro de mí me pide que confíe en mí y me dice que todo saldrá bien. Siento que se están gestando ideas y proyectos dentro de mí. Aún no sé lo que son, en qué consisten o adónde me llevarán, pero tengo la necesidad de dejarles vía libre para que fluyan. ¿Cómo saldrá todo? Solo el tiempo lo dirá.

Releyéndome vuelvo a sentir aquella angustia, aquellos nervios y aquella tremenda inseguridad que me definían por entonces y que, gracias a una serie de acontecimientos y decisiones, ya son agua pasada. La angustia ha dado paso a la certeza de que sí se puede vivir de la traducción; los nervios siguen aflorando cuando hay un parón de trabajo; y la inseguridad… ay, la inseguridad. Poco a poco he logrado convertirla en una paz interior que nunca pensé que llegaría a alcanzar sola. Para conseguirlo he tenido que modificar mis prioridades (hablé de este tema en el balance de 2016) y ponerme a mí la primera de la lista antes que a los demás.

Termino con mi traducción de una reflexión sobre el concepto de seguridad extraída del libro Everything That Remains: A Memoir by the Minimalists:

Nos aferramos a trabajos que no nos llenan porque creemos que una nómina nos aporta seguridad. Permanecemos en relaciones dañinas porque pensamos que así, al menos, no estaremos solos. Acumulamos objetos que no necesitamos “por si acaso” nos hacen falta en un futuro hipotético y más seguro. No obstante, si todo ello nos hace sentir insatisfechos es que de “seguro” tenía poco.