La imagen del traductor depende de nosotros (2018)

Bajo este título tan rotundo se esconde ni más ni menos que mi experiencia en las últimas semanas desde que me embarqué en mi aventura, consistente en dejar España un tiempo para vivir en otros países aprovechando la libertad de poder trabajar desde cualquier sitio. El mes pasado estuve en Oporto y ahora mismo os escribo desde Atenas :-). Hasta ahora, como era de esperar, me he visto varias veces en la situación de tener que contar a qué me dedico y cómo es que estoy por esos lares durante “tanto tiempo” (recordemos que me estoy quedando un mes en cada destino).

Al igual que ocurre en España, traducir se concibe como una actividad puntual para sacarse unas pelillas y veo muy a menudo caras de sorpresa al saber que es mi único trabajo y que me permite no solo sobrevivir, sino vivir. Ante estas reacciones y las consiguientes preguntas, está en mi mano cómo continuar la conversación:

  1. Poniéndome a la defensiva, explicando exaltadamente lo importantes que somos en la sociedad y cabreándome por la poca consideración que se nos tiene…
  2. Enfocándolo de otra forma.

Como van a ser unas preguntas que me acompañen durante todos los viajes que haga, me he decantado por la opción más lógica y también más zen. Consiste, sencillamente, en explicar con tranquilidad y sin sentirse prejuzgado en qué consiste realmente ser traductor. Con esta actitud zen, lo que consigo es que la otra persona muestre aún más interés y se sienta lo suficientemente cómoda para seguir recabando información: ¿pero ganas suficiente?, ¿pero qué estudiaste?, ¿pero qué traduces?, ¿pero desde cuándo…?

Lejos de interpretar estas preguntas como una forma de cuestionarme a mí o a nuestra labor, las veo como una primera toma de contacto con la profesión que seguramente les “marque” de alguna forma, ya que muchos nunca han conocido a un traductor profesional, y les haga entender nuestro trabajo. Cuando les cuento que existe la carrera de Traducción (al menos en España), que, entre las carreras y el máster he estudiado un total de 8 años esta materia y que, sí, soy freelance “oficial” (= estoy dada de alta), la persona se empieza a dar cuenta de que quizá su concepción de la traducción como pasatiempo/afición estaba equivocada.

Una vez queda clara mi profesión, viene la siguiente pregunta: ¿y cuánto tiempo te quedas en Atenas/Oporto/…? Cuando respondo que un mes, la reacción suele ser, de nuevo, de incredulidad, con alguna alusión a la palabra “vacaciones” a continuación. Aquí es cuando me toca explicar que no estoy de vacaciones sino trabajando igual que lo hacía en Madrid.

Es entonces cuando la persona en cuestión une la respuesta a la situación 1 y la respuesta a la situación 2 y saca su conclusión: ¡Qué maravilla es ser traductor! Es una reacción que ya he visto varias veces y, lo que empezó siendo un intercambio normal de “Hola, cómo te llamas, en qué trabajas y por qué estás aquí” se convierte en un “Cuéntame más, qué hay que estudiar para ser traductor, cómo puedes ganar suficiente para vivir, cómo consigues clientes”, etc. Me ha pasado en el tren, en el gimnasio, en bares…

Ahí es cuando me doy cuenta de la suerte que tenemos: la libertad de la que disfrutamos los traductores autónomos es inconcebible para muchos y despierta muchas envidias (la mayoría sanas). ¿Que no me apetece salir de casa? Me quedo y trabajo aquí. ¿Que me quiero coger unos días libres? Aviso a los clientes. ¿Que estoy saturada y prefiero no aceptar más encargos? Pues lo hago. ¿Que prefiero dejar reposar un rato una traducción, salir a dar un paseo, y retomarla después? Pues lo hago. Nos suena tan familiar que a veces nos olvidamos del privilegio que esto supone.

Las conclusiones son dos: primero, que, igual que ocurre cuando vas a un país y te llevas una impresión tipo “Los ____ son gente estupenda, todo el mundo ha sido muy amable” y esa es la mejor “publicidad” que puede tener una nación, la mejor forma de dar a conocer nuestra profesión es explicarla de forma tranquila y comprensiva, para dar pie a que esa persona nos haga las preguntas que quiera para llegar a entender lo que realmente somos.

Cuando me preguntan a qué me dedico, veo una oportunidad de contar en qué consiste nuestro trabajo a una persona que probablemente nunca antes haya conocido a un traductor profesional y que se hará una idea de cómo es nuestro trabajo únicamente por lo que yo le diga¡Es una gran responsabilidad y hay que aprovecharla para enfocarla lo más positivamente posible!

La segunda conclusión es que las “penurias” de ser traductor autónomo (cuota, “bajas laborales”, soledad, lucha con clientes, mucho tiempo sentado delante del ordenador) de las que tan acostumbrados estamos a quejarnos no deben hacernos perder de vista la gran suerte que tenemos de poder trabajar con tanta flexibilidad (de horarios, de ubicación…). Podría decirse que tenemos el trabajo con el que muchos solo pueden soñar.